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SEMANA EN EL PARAISO

La noche está fría y sorprendentemente brillante. La luna llena reflejada en el mar provee suficiente luz o al menos eso pienso. De alguna manera me siento atraído a ese árbol; árbol que aparenta tener el doble de mi edad y sus ramas extienden casi hasta la luna.

Del camino embreado de donde me encuentro procedo hasta el árbol que se encuentra en un valle mirando hacia el mar. Estando aquí en la serenidad de la noche me acuesto a observar la luna.

En la mañana el niño se encuentra recorriendo una calle larga con ningún aparente destino. Hacia el norte lo único que ve es el horizonte de cielo y calle y hacia atrás el gran árbol en donde aún estaba dormido. Ya hacia el medio día se había encontrado un viejo pozo, que estaba hecho de piedra, rodeado de arena y rocas. El niño procede a ver en el interior del antiguo pozo sólo para encontrar oscuridad interminable. Al explorar los alrededores del pozo se encuentra un anciano colgando trapos en la rama de un árbol.

El anciano era de baja estatura con el pelo largo y blanco. Al notar la presencia ajena se volteó solo para encontrar al niño aún con inocencia en los ojos. - ¿Qué haces aquí? Preguntó exasperadamente el anciano. El niño suelta una carcajada sin razón alguna y prosigue a contar su historia. El niño se encontraba en una calle sin memoria de cómo había llegado allí. Al escuchar esto, el anciano empezó con su historia. Hace muchos años el era un hombre de negocios sin familia, ni amigos; él sólo se había dedicado al trabajo y cuando sus jefes lo forzaron a retirarse perdió esperanza en la vida y en sí mismo. Lo próximo que se acuerda es que estaba en una calle donde vio el pozo y el árbol y allí se quedó. Después de ambos confesarse el anciano dirige el niño hacia el árbol y allí le da tres frases que había aprendido en tres diferentes sueños. Las frases eran: yo soy creyente, yo soy creador y yo soy crecimiento. -¿ Qué significan? Preguntó el niño. –Aún no sé Respondió el anciano –pero creo vale la pena aprenderlas- Sabiendo esto el niño regresó a la calle y rápidamente al árbol, donde se recostó a ver el anochecer.

En la temprana mañana el adolescente se encuentra recorriendo una larga calle sin ningún aparente destino. Hacia el sur lo único que se ve es el horizonte del mar y cielo, hacia atrás el gran árbol en donde aún se hallaba dormido. Al final de la calle encuentra una playa con arena rosa y el agua color turquesa. Al observar cuidadosamente el mar se encuentra una hermosa muchacha bañándose desnuda. El primer instinto del adolescente fue de ir corriendo hacia ella. Pero antes de moverse la muchacha salió del mar cubriéndose los senos con las manos, dejando el resto al descubierto emocionando aún más al adolescente. La muchacha se dirige hacia un árbol donde se coloca una bata vieja para cubrir su cuerpo. Ambos se miran largamente sintiendo emociones y cosquillas que nunca habían tenido. El adolescente se le acerca y la muchacha le pregunta - ¿Quién eres tú?, Soltando una carcajada el adolescente le cuenta cómo llegó allí. Después del adolescente contar su historia la muchacha se sintió más relajada y fría entre las piernas y prosiguió a contar su historia. Ella era una muchacha promiscua que cayó embarazada a temprana edad perdiendo la confianza y apoyo de sus padres. Ella misma abortó la criatura sufriendo un intenso dolor físico y emocional. Lo próximo que se acuerda era que se encontraba en esta calle que la dirigió a la playa y a este árbol que estaba cerca del mar. Después de confesarse, ambos quedaron mirándose intensamente. La muchacha se le acercó al adolescente y le dio un tierno beso, luego lo toma por la mano y lo dirige hacia el árbol y allí ella le da tres frases: - yo soy coraje, yo soy disciplina y yo soy dedicación. Al decir esto la muchacha le comenta que esas tres frases las aprendió en tres diferentes sueños. El adolescente le iba a mencionar su encuentro con el anciano y sus tres frases cuando la muchacha lo besó de nuevo y lo botó de su playa. El adolescente se encontraba de nuevo en su calle en dirección hacia su árbol para acostarse a ver el anochecer. En la temprana mañana el hombre se encuentra recorriendo una larga calle sin ningún aparente destino. Hacia el este el horizonte de arena y cielo, hacia atrás el gran árbol en donde aún se hallaba dormido. Al final de la calle encuentra un vasto desierto, la poca vegetación que había se limitaba a hojas secas y pequeños cáctuses, por lo menos eso pensó hasta que se encontró con un niño meciéndose en un árbol. El niño al sentir la presencia ajena se cae. Al abrir los ojos ve al hombre que está quitándole arena de la cara. El niño ansiosamente se aleja del hombre y pregunta - ¿ Por qué me sálvate? El hombre al principio lo mira seriamente pero luego suelta una carcajada y empieza a contarle cómo llegó allí. Después el niño regresa a la rama de donde se cayó y empieza a contarle su historia. Los padres de él estaban profundamente enamorados y un día animalitos entraron dentro de la mamá y ella se enfermó y luego murió. Sin poder vivir sin ella el padre se suicida dejando al niño sólo en la casa con los cuerpos de ambos padres, luego aparece en una calle que lo lleva hasta el desierto y luego el árbol. Después de conocerse ambos se intercambian muecas y el niño le pide que se trepe al árbol. Estando arriba el niño prosigue a darle tres frases que aprendió en tres diferentes sueños. Las frases eran: yo soy deseo, yo soy entusiasmo y yo soy esperanza. El hombre atónito iba a repetir las seis que él sabía cuando el niño se bajó del árbol y se metió en un hoyo en la arena. El hombre una vez más se encuentra en dirección hacia el árbol y cuando llega a él se recuesta a ver el anochecer. En la mañana el anciano se encuentra recorriendo una larga calle sin ningún aparente destino. Hacia el oeste ve una gran montaña, hacia atrás el gran árbol donde aún se halla dormido. Al final de la calle encuentra una gran montaña en la que tarda tres días para llegar a la cima y en esos tres días sueña sus propias fases. Estas eran: Yo soy fe, yo soy integridad y yo soy actitud positiva. Al llegar a la cima se sienta a meditar, en la profunda meditación se acuerda de las personas que ha conocido y en su destino final. Tan sólo siete días lleva en esta isla nebulosa y ya ha vivido una eternidad de emociones.

Cuando salgo de la meditación veo que se avecina una gran tormenta. Me levanto y me acerco a un árbol en la cima de la montaña; al treparme observo el norte, el sur, el este y el oeste y el gran árbol en el cual hasta ahora me encontraba dormido. La tormenta comenzó y me empieza algo más que un viejo o un hombre o un adolescente e inclusive un niño. Comienzo a recitar las doce frases que he aprendido y al recitar cada una la tormenta se convertía más fuerte y truenos empezaban a atacarme. Al terminar de recitarlas el cansancio me agobió. Un relámpago me cayó en la cabeza matándome.

Al morir el anciano su espíritu regresa a la realidad, aquí el era sólo un pequeño bebe pero con sabiduría y emociones guardadas en su corazón. El bebé algún día crecerá a enseñarle a los demás como amar, vivir y trascender.

 

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