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TITUS

Dir. Julie Taymor

Por Carlo A. Cubero:

Antes de visitar la exhibición sentí una curiosidad obsesiva de hacer algún tipo de investigación sobre los creadores de la película. Los únicos nombres del afiche que reconocía eran los de los actores principales, Hopkins, Lange y Cumming, de los actores más favoritos de los que consumimos cine y televisión estadounidense.

Descubrí que la directora, Julie Taymor, es una directora experimentada en el mundo del teatro de Nueva York, galardonada por premios y menciones en todos los frentes por su trabajo en los escenarios más reconocidos del mundo, los de Broadway. Estaba familiarizada con la obra trágica del emperador Titus, según narrada por William Shakespeare. Según las reseñas que encontraba, la Taymor se caracterizaba por vestuarios y escenografías noveles. Pero, nada de cine, formato que considero muy diferente y complicado en relación al teatro, aunque del mismo género. 

En cuanto a los demás nombres acreditados por participar en la creación de esta película no reconocía a ninguno excepto a Dante Ferretti, quien se ha mantenido ocupado diseñando los proyectos más reciente de Scorsese. Sabía que Ferretti posee una imaginación sumamente moderna, o posmoderna, que al ser dirigida por una veterana del teatro novel podría ser algo bien interesante. Ferretti no era el único italiano en el afiche. Prácticamente todos los demás jefes de departamento de la película eran italianos. Los estudios utilizados fueron los míticos CINECITTA, famosos por ser los espacios de Fellini, Pasollini y otros fantásticos. La compañía que la produce es estadounidense, localizada en el estado de Washington.

Me parecía todo sumamente raro, ecléctico, transnacional y curioso, tenía que satisfacer mi curiosidad y aventurarme a la dichosa apertura del Festival de Cine Internacional de Puerto Rico, evento que si no fuesen por el vino y Cointreau gratis y las señoritas que, siempre guapas, están ansiosas por rellenar tu copa, no me emocionaría mucho asistir. Además que Shakespeare siempre es interesante, especialmente esta obra que no es de las famosas.

Mis curiosidades, expectativas e intimidaciones no me pudieron preparar para esta experiencia que resultó ser unas de las dos horas más iluminadoras de mi corta vida. De vez en cuando se te presenta algún documento, sea una película, un libro, poema o obra de teatro que te vuela la cabeza por su sofisticación, por encontrarse tan fuera de tu alcance que te deja perplejo, se tatúa en tu consciente y se convierte en un momento clave en tu vida. Titus me superó esa experiencia. Considero que la obra, una de tipo maestra, combina de una manera deleitosamente sangrienta, el desorden drogado de la contracultura, la sofisticación monárquica de Shakespeare, con una cinematografía que casi te habla, te explica al detalle lo que es el arte de la comunicación a través del juego de la perspectiva.

El cuento, básicamente, narra la riña trágica de un general leal a su imperio romano. El general, Titus Andronicus, es un ser imperfeccionado por su búsqueda de la conducta perfecta masculina, militar e onerosa. Titus sacrifica el hijo mayor de la reina de los godos, Tamora (su prisionera), y mata a uno de sus propio hijo leales, utilizando como justificación la tradición y el honor. La reina no se quedará con los brazos cruzados. Ella comienza una campaña de venganza contra el general, asistida por su amante esclavo Aarón (mi personaje favorito por ser tan claramente extremo), que incluye la mutilación de su hija, la ejecución de sus hijos y hacer al general caer en mal ojo del emperador. Naturalmente, Titus le devuelve en un final climático y sangriento.

La venganza podría ser uno de los sentimientos más básicos del ser humano. El amor es muy sofisticado para ser identificado y definido. La venganza es específica, se mantiene en el pecho hasta ser satisfecha. Utilizamos el eufemismo de la “justicia” para impartir venganza. Todos sentimos venganza, o la sensación de que merecemos satisfacción al ser ofendidos. Ni siquiera Dios se salva al ser representado como un Dios de venganza en el Antiguo Testamento, ni hablemos de que seremos juzgados al morir. Aquellos que hicieron mal en vida les tocará su merecido por toda la eternidad, y ese dictamen se supone que nos de esperanza.

No creen apropiado que el maestro del teatro, el mismo que conoce tan bien las complejidades humanas, aquel que mejor domina su idioma al punto que logra describir sin margen de error esas sensaciones que nos separa de las bestias; realice libretos que representen la venganza. Romeo, Hamlet, Iago, Otello y otros personajes shakesperianos son tan  incapaces de perdonar que son llevados a cometer actos impulsivos de violencia. Las mujeres son poderosas, manipuladoras, agentes catalíticos de estos actos pasionales.

Lo que hace Titus tan especial, en el contexto shakesperiano, es que provee para un escenario sumamente violento. No me refiero a la violencia diluida como el envenenamiento y suicido de Romeo y Julieta ni menos cuando Otello ahoga con una almohada a su esposa en un arrebato de celos. Titus ofrece sangre, mucha sangre. Tanta sangre que quizás se pierde la delicadeza tan particular del romántico isabelino. Sin embargo, aquellos que le tienen repelillo al género morboso no le tienen que huir. Recuerden que los realizadores de esta película se hicieron famosos por la construcción de espacios fantásticos y elegantes con particularidades rebelonas y burlonas. Independientemente que la obra le guste en todos sus niveles, que no te guste el cuento o que el diálogo sea difícil de seguir, no es posible un aburrimiento total. Es necesario que el espectador encuentre algún aspecto de la película interesante.  Debería ser viste en el cine o en video digital (DVD).

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