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The
Messenger
dir. Luc Besson
Por Carlo Andrei Cubero
Se cumple casi un mes desde que vi "The
Messenger". Mi retraso ha sido parte de experimento partiendo de
una hipótesis, que concierne la persistencia de la imagen en la
memoria. Llevo jugando con ella hace un tiempo. No me sorprendería que
en los pasillos de las instituciones pedagógicas y centros de
investigación de ciencia o arte visual se estaría discutiendo la
posibilidad de un grupo o tendencia de artistas de cine que prioritizan
la imagen. La estética y fuerza de una imagen en su contexto de montaje
toma el primer plano en la interpretación de un ejercicio de cine. La
naturaleza del arte del cine, según mi conceptualización, es un arte
holística, completa. Resulta ser tan abstracto que no conoce fronteras
de formato. Esa abstracción se representa mediante una ilusión
audiovisual. El cine será sui géneris.
Me he estado percatando de algunos ejercicios
cinematográficos recientes que se van por una tangente de mi concepto
del cine, como arte que abarca todas las artes. Me fijo en artistas
cinematográficos que están prioritzando la imagen pura como elemento
principal que motive al espectador. La imagen pura sobre música,
actuación, libreto, composición, historicidad y compromiso social.
Tenía cita con una chica que prometía ser
tremendo petardo. Estaba algo nervioso y emocionado pues hace tiempo que
no juego a seducir. Nuestra cita era tarde. Decidí ir a la exhibición
más cercana de "The Messenger" para matar el tiempo,
distraerme y sacar tema para une reseña. Estaba lloviendo. Una llovizna
sumamente jodona con viento frío, bien frío. Cuando llego a la sala
estoy empapado y temblando. La sala oscurece y comienzo a hacer memoria
sobre el personaje histórico de Juana de Arco. Me pareció un ejercicio
adecuado, pues esperaba ver un tipo de película histórica. Me preparo
para interpretar la historia y la manera en que se representa los
constructos de femenidad y masculinidad, la guerra , la paz,
camaradería y las tensiones de clase y poder entre nobles, clérigos y
campesinos. En vez me enfrento a una serie de imágenes casi estáticas,
movidos en secuencia con un editaje rápido y promete marear a los más
débiles.
Divido las secuencias de imágenes de más impacto
en tres secciones o capítulos. Las visiones de Juana, las que la
constituyen su llamada de lo divino. Las alucinaciones se caracterizan
por fuegos, vientos calientes, azules y amarrillos. Se compone el telón
para que se exprese la cara pasmada y asustada, blanca, rosada, labios
entre abiertos, pelo rubio/blanco rizo, largo y los ojos de joya de
Milla Jovovich. Juana se caracteriza confusa y pasmada ante una
experiencia abrumadora e inexplicable.
Mi segundo capítulo, en esta imposición de
imágenes en formato de largo metraje, viene siendo las batallas. Juana
esta llena de una inquietud furiosa, patológica. Una ansiedad
incontenible por ir a batalla, a pesar que solo lucha una vez. Una vez
en el campo de batalla se enfatiza los gritos de guerra de Juana, que se
imponen sobre los cientos de soldados hombres bajo su mando. Las tropas
se cansan, se hieren y se desmoralizan; los ojos de joya retornan más
intensos y abiertos, la piel más oscura, el pelo corto y gritando
"Aquellos que me amen, SIGANME!!!". Desconozco la reacción de
mis compañeros y compañeras de sala pero yo me paré gritando, desee
entrar en la pantalla tomar una arma y mutilar unos cuantos británicos.
La divina líder del campesino francés es
capturada por el enemigo bretón. La obra se torna negra. La
iluminación en la sala de juicio y en el calabozo de Juana es realmente
tétrico. El horror se incrementa con la aparición de visiones malignas
que tientan la fe de nuestra heroína. En el juicio Juana asume una
actitud algo profesional, digna y orgullosa. En el calabozo se
descompone y pierde su furia, se comporta algo dócil. Juana es quemada
viva.
Encuentro muy interesante ponderar sobre las
implicaciones históricas y sociológicas presentes en "The
Messenger". El mito de Juana y como se difunde por el campesinado a
tales extremos que el monarca no logra ignorar. Me interesa conocer el
contexto en que Juana existe y trabaja, las implicaciones de su edad y
género en el contexto de una Francia desesperada. También me fascina
como el mito persiste a través de los siglos. Ni el Papa pudo contener
los reclamos de los fieles, obligado a santificar la guerrera puberta.
Sin embargo, prefiero recostarme más de la
noción que Besson utilizó el personaje histórico como pretexto para
difundir una serie de imágenes en secuencia, imágenes que
protagonizaría una cara evangelical e histérica de Jovovich.
Salí de la sala con el calor. Continúa
lloviendo. Esa llovizna tan incordia, y el viento tan cortante. Pero yo
tengo grabado en la mente el fuego de las visiones, la furia de la
batalla y el temor del calabozo. Mis extremidades han cesado su
tembleque furioso. Es la hora de mi cita. La llamo para avisarle que voy
de camino. Ella ha decido cancelar, se siente cansada, el clima frío y
mojado la ha impulsado a quedarse en cama calentándose. Yo, como me
siento tan enérgico visito la barra más cercana.
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