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Man on the Moon
Dir. Milos Forman
Por :
Carlo Andrei Cubero
...la vida es un escenario.
W. Shakespeare (británico)
Nací en la segunda mitad de la séptima década. Se
supone que mi conocimiento de Kauffman sea póstumo, como mucho. Programas
repetidos y documentales de la televisión estadounidense me han puesto
muy al día de este ícono de la cultura de los Estados Unidos.
En
un documento biográfico esperamos encontrar las entrañas emocionales
escondidas de nuestro sujeto. Descubrir la inspiración, miedos y placeres
de nuestra celebridad. Leer esa anécdota que arroje luz sobre la
inspiración detrás de la creatividad de esa figura y ver de que manera
aprendemos un poco más sobre nosotros mismos o encontrar inspiración en
la inspiración de los genios.
Pero el problema es que el arte Kauffman era un
misterio envuelto en un enigma. Nos reíamos por su incoherencia. Solía
poner en función un programa confuso, contradictorio hasta ofensivo.
Discutía agresivamente con el público, les insultaba, se quedaba mudo
por minutos corridos, cambiaba de personalidad manipulando las emociones y
percepciones de su público. Una comedia era algo surreal, y como hacer
una película biográfica de un artista, cuando muchos realmente no
entendían siquiera su arte. Nos reíamos, pero les apuesto que no me
podrán explicar concretamente la naturaleza de su chiste.
Milos Forman, quien nos bendijo con obras maestras como
Amadeus y People vs. Larry Flynt, nos hará
comprender a Kauffman, a la vez que inicia una oratoria cinematográfica
impecable. Reseñas y conversaciones, de las cuales he logrado salir
illeso, hacen la queja que el libreto de Scott Alexander y Larry
Karaszweski no explica o representa esa anécdota o situación que arroje
luz sobre la intimidad del payaso surrealista. Yo considero que la
naturaleza del libreto es muy adecuada. Mis contrapartes asumen una
intimidad en Kauffman. Asumen que una vez el se bajaba de la tarima del
espectáculo el volvía a su "realidad" y se comportaba de
manera esperada. A mi me parece que el misterio de Kauffman no era tanto
decifrar su rutina sino su cotidianeidad. El individuo parecía estar
estancado en su espectáculo día a día. Utilizaba sus personajes fuera
del escenario y jugaba sus bromas a familiares y amigos. En fin, el enigma
(si es que se le puede considerar tal) consistía en descifrar en que
momento o situación Kauffman operaba en cual "realidad".
Kauffman vivía en broma, hacía de su vida su arte. Hasta se aprovecha de
su propio funeral para hacer chistes.
El agente de Kauffman, George Shapiro, interpretado por
Danny DeVito, se queja del formato de la comedia de su cliente,
diciéndole, "Nunca olvides a quién quieres entretener, al público
o a ti mismo". Esos actos, medios suréales a la Buñuel, serán la
fuerza motora del cuento. En ocasiones el actor, Jim Carrey, no es el
actor que ocupa más tiempo de cámara, sino el público anónimo, los
espectadores, nosotros. La cámara está muy conciente de nuestra
presencia hasta se burla de nuestra presencia al principio.
La iluminación no representa una subjetividad del
director, sino imita luces que nosotros encontramos en nuestra
cotidianeidad, recordándonos que nosotros somos el público y que estamos
allí mismo, viendo a Kauffman actuar. La iluminación no viene siendo muy
dramática sino intenta de recrear la experiencia de lo que el público
ve. Se aprecian una gran cantidad de tomas hechas desde un punto de vista
del espectador en el público. Como si nosotros que estamos en la sala
estáticos, y con frío, estuviésemos presentes en el cuadrilátero de
lucha libre, en el balcón del teatro de Saturday Night Live, en una mesa
de la barra de improvisación y comiendo galletas y leche después del
Carnegie Hall. Es que, en ocasiones la comedia de Kauffman no era
necesariamente su presencia sino la reacción del público y su
manipulabilidad. Forman y su equipo de trabajo le hacen una reverencia a
este tipo de comedia al inicio y al final. El más sentimental tuvo que
ser el segundo cuando el público no logra reconocer quien está en la
tarima haciendo los personajes de Kauffman. A sabiendas que Kauffman a
muerto.
Los últimos imágenes consolidan el aspecto
reverencial, casi divino que se siente por Kauffman. Vemos imágenes de
aquellos que han sentado los precedentes en el arte de la comedia
estadounidense, en los cuales se incluye a Kauffman, algo así como una
recamara de leyendas. A pesar, de problemas de edad y cultura que me hace
difícil reverenciar la figura de Kauffman, ese final lo sitúa en la liga
de Chaplin, Fields, Laurel, Hardy, Elvis, y otros. |