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Bringing
Out the Dead
Dir. M.
Scorsese
Por: Carlo Andrei Cubero
Los Casiano Movie Magazine, Westernbank, Leche
Fresca, Burger King y otros anuncios de capital pagados, han ocupado mi
atención por más de media hora. La sala del CineVista se oscurece y me
recuerdo que yo vine a ver una película. Intento de hacer memoria; “¿cual
fue la que vine a ver ?” Todavía quedan algunos anuncios de películas
por estrenarse que me da tiempo a rebuscar mis bolsillos y verificar la
contraseña del boleto, pero ya la sala está oscurecida y no leo el
boleto.
Al escuchar la música, un rock que rescata un
poco el ritmo drogado de los setenta, y la tipografía, algo rebelona,
en que se representan los créditos me recuerdo que estoy en los
albores de una experiencia scorsesiana.
Directed by Martin Scorsese, verlo escrito en pantalla siempre me
conmueve. Me dice que me amare bien a la silla pués seré impresionado. Aún
tengo pesadillas de imágenes de “Raging Bull”, película que vi en
cuando apenas tenía 5 años en el primer VCR de casa.
Comienzan las imágenes, mudo el aburrimiento
de los anuncios, se nos presenta la AVENIDA (la arteria principal de toda
urbe), taponada en noche mojada, señal indiscutible de lo urbano. Pero no
es una ciudad que represente el
ideal de la metrópolis, en donde convergen ideas y naciones para
manifestarse en la máxima expresión de la civilización. Esta avenida es
algo no de esta tierra, quizás diabólica. Humo sale de las
alcantarillas, como si el infierno estuviese cerca y predomina el color
rojo de las luces de los frenos tan presentes en los tapones. En las
aceras predominan las criaturas de la noche, prostitutas, chulos, tecatos,
bichotes y otros hijos de puta.
Sin avisarnos, se impone un monstruo de película
de horror, la ambulancia, blanquita, brillosa y metálica con su sirena y
gomas rugiendo. Un esperpento salvaje que viene a salvar. Al volante,
Frank Pierce, que mediante una narración nos explica su sentimiento, que
establece el tema que lleva la narración. Está triste, deprimido,
cansado, se siente inútil, y sobre todo frustrado ante las experiencias
que lo rodean del cual el mismo es parte e incapaz de corregir. Por el
radio transmisor se escucha la voz de Scorsese mismo impartiendo
instrucciones a los paramédicos sobre la localización y el estado del próximo
paciente a atender.
“Bringing Out the Dead” representa tres
noches (Jueves a Sábado) en la vida del paramédico Frank Pierce, que
trabaja el turno nocturno en el sector conocido como Hell’s Kitchen en
Manhatan. Las tres noches constituyen un clímax emocional en la vida del
personaje lleno de cargos de conciencia y frustraciones. El enlace durante
las tres noches, se circunscribe a representar gráficamente las emociones
de los individuos (algo que entiendo es temático en Scorsese y Schrader).
Pierce debe de lidiar con una rutina a la que no puede aclimatarse
“por que todos tienen que ser arrestos cardiacos, que pasó con las caídas,
los tobillos doblados y dificultad en respirar!!”, así se queja Pierce
cuando está al borde de la descomposición emocional. Durante las tres
noches Pierce tiene que lidiar con tres compañeros (cada uno con su
esquema de visión de mundo diferente), pacientes infectados por
un estupefaciente nuevo que elimina a sus usuarios y se riega como
una plaga medieval “Red Death”, insomnio que lo hace ver como un cadáver
(el cansancio se representa más a través de los ojos caídos, tan
especiales, del actor) y otros traumas.
Pierce encuentra balance y consuelo en la hija de un paciente (se
enamoran en una escena, que me pareció, muy cautivadora en la cual la
pareja está siendo transportada en la ambulancia, no se hablan y música.),
una drogadicta reformada que sufre un pequeño retroceso, al enterarse la
muerte de su padre, no antes
que Pierce la rescata como un caballero medieval.
Las imágenes de “Bringing Out the Dead”
evocan sentimientos y visiones de “Taxi Driver” (Scorsese,1976). El
fetiche del taxi como artefacto de acero que protege al héroe del
exterior satánico, me estuvo muy parecido a la personificación de las
ambulancias (Travis Bickle tiene que limpiar sangre y esperma del asiento
trasero de su taxi mientras que los compañeros de Pierce deben de mapear
la sangre de la ambulancia en noches de mucho trabajo). La ambulancia es
un ser mucho más activo que el taxi de “Taxi Driver”. La ambulancia,
al recibir una llamada de emergencia, se enciende, grita y se transforma
en un ente violento que se precipita por las avenidas del infierno
trayendo salvación. El taxi en “Taxi Driver” es caracterizado de
manera mucho más pasiva y estática.
La
construcción de la urbanidad, de la metrópolis, como un infierno es
latente en los trabajos de Taxi Driver y Bringing Out the Dead. Los
habitantes nocturnos de la ciudad tienden a ser prostitutas, drogadictos,
vendedores de estupefacientes y otros “degenerados morales”. Los
protagonistas de Taxi Driver y Bringing Out the Dead, que de alguna manera
patética constituyen héroes, tratarán de resolver toda esta serie de
degeneraciones morales latentes en la metrópolis. Bringing Out the Dead
nos bombardea de iconografía católica (El apartamiento de la familia
Bunker contiene imágenes que representan la Virgen María; el hospital
preferido de Pierce es católico a pesar que tiene la opción de ir al
hospital público, los compañeros de Pierce hacen una analogía de
“Bellevue/hell : Our Lady of Eternal Misery/ heaven”;
Noel ataca a dos sacerdotes con un destornillador; Pierce y Mary
Burke ambos atendieron colegios católicos, rosarios, monjas; hasta
presenciamos una metáfora del nacimiento de Jesús cuando una virgen de
nombre María da luz a gemelos en un edificio abandonado).
Sin embargo, creo que ni Taxi Driver ni Bringing Out the Dead
pretenden ser textos moralistas con fines evangelizadores.
Existen claras diferencias de discurso entre
Travis Bickle y Frank Pierce, ambos desarrollados por Schrader y Scorsese.
Bickle asume una actitud violenta, pistolera, hacia la ciudad que lo
atormenta. El taxista se manifiesta catárticamente en una resolución
sangrienta. Pierce no cumple la misma función que Bickle en la ciudad.
Pierce es un curandero, con una meta caritativa (le gusta salvar vidas, lo
que lo angustia es el estado de la ciudad). La nobleza de Pierce se
representa en una secuencia en que ayuda a fantasmas salir de las entrañas
de la ciudad. En vez de una resolución catártica, Pierce, sostiene una
resolución pasiva, evangélica, una luz blanca lo baña en redención
mientras busca consuelo en los brazos de su querida.
Scorsese incorpora elementos narrativos que
contextualiza la acción de manera histórica o etnográfica. La voz
narradora no es el único intento de presentar “notas aclaratorias”
para explicarle al espectador el contexto de la acción. Somos
presentados al hospital, “Our
Lady of Eternal Misery”, con un estilo casi documental. Somos invitados
a participar del caos de la sala de emergencia, mediante una cámara que
“camina” por el hospital (POV “point of view shot”), técnica que
se repite durante la presentación. No desearía implicar que la película
es algún tipo de ejercicio neoreal, visiones fatalistas en un estilo
documental. El cinematógrafo, que me evoca visiones sicodélicas de
Oliver Stone, se encarga de
llevar a cabo la emoción, la subjetividad de una experiencia adrenalizada
de un paramédico que no sabe con que se encontrará al llegar a la
escena. El delirio causado por el insomnio, síntomas de retirada de
alcohol y cargos de conciencia del personaje principal son transmitidos en
estilos sicodélicos, donde predominan
rojos, azules y verdes.
“Bringing Out the Dead” es un trabajo que
cualquier aficionado del cine debería de encontrar interesante. Para
aquellos que somos fanáticos del director no podrán callarse la boca
durante la película mientras nombran referencias a otros trabajoz en que
han trabajado Martin Scorsese (director), Paul Schrader (libretista),
Robert Richardson (cinematógrafo) y Thelma Schoonmaker (editora).
Mark Anthony hace un papel muy importante de
manera muy convincente.
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