Creer que la universidad del futuro es un problema de virtualidad es ubicar el problema donde no está y es desviarlo de su eje epistemológico de indagación. Utilizar además argumentos emocionales parecería inapropiado aunque la razón de la mente con emoción estética evocaría lo sublime. La emoción puede ser utilizada para enriquecer el discurso racional en el contexto donde el frío y el calor se entibian; también la emoción que tanto utilizaron los detractores de Lacán sirve para la ablación como discurso entre el faltante y la tenencia; sirve para el descarte contundente que no conjuga con el juego de compartir precisamente desde la diferencia, desde el desacuerdo. Lo hermoso de la vaguedad es que no fija obsesiones puntuales sino que se sitúa en los umbrales pero siempre reconociendo los círculos de nitidez. La universidad está en crisis desde muchos ámbitos y en ese sentido mencionar la palabra futuro no ha sido la intención de magos, ni de predistigitadores de barajas o de emocionados intelectuales, sedientos de modas. Creo que René Berger, Edgar Morin, Basarab Nicolescu , Arturo Guillaumin y otros lo que intentan es cuestionar si lo que la universidad es, amerita una continuidad o si por el contrario se requieren procesos de metamorfosis de lo que debe preservarse y de lo que debe cambiar. La universidad esta descontextualizada de la realidad, de su entorno cultural, de los contextos en los cuales las especificidades llamadas disciplinas tendrían un sentido. Carece de complejidad, de transdiciplinaridad, de redes sociales de dialogicidad tolerante, de horizontes laterales para no continuar en el discurso de la repetición como Thanatos. En lugar de disminuir han aumentado las docentes cátedras menoscabándose los procesos de investigación y de tutorías. La sana competencia entre la universidad pública y privada ha cedido en beneficio de esta última negándose el derecho a la educación a estudiantes inteligentes pero con bajos recursos económicos. Los laboratorios no siempre se actualizan para estar acordes no sólo con tecnologías sino con procedimientos de investigación más afinados. Los docentes no se renuevan, no se actualizan, carecen de recursos; los estudiantes no llegan suficientemente preparados para asumir el cambio de dimensión académica. Las carencias no son únicamente financieras, logísticas, de recurso humano sino que interrogan desde su vacío la inoperancia, la incapacidad para transformar estructuras y situarse en los contextos propios de los ámbitos sociales, económicos, políticos, filosóficos, epistemológicos, humanísticos científicos, axiológicos y otros. El problema de lo excluyente: Desde hace varios siglos el discurso de lo excluyente ha sido una constante: llámesele ricos excluyendo a pobres, dialéctica entre una tesis y una antítesis , discurso científico que excluye lo humanístico y lo poético, la guerra contra un supuesto enemigo al que hay que eliminar o el docto profesor que cree que su faltante lo colma excluyendo al otro con su sobreexceso de poder, de autoridad y de títulos. La ternura del saber compartido ha sido reemplazada por la asepsia de las batas blancas, las tarimas reales o ficticias, un edificio imaginario de verticalidades donde existen licenciaturas, especializaciones, DEA, maestrías pero los puentes se caen, los psicólogos son más neuróticos que sus pacientes, los médicos por una ley 100 terminan de taxistas y genios son aquellos que arrojan bombas atómicas sobre Hiroshima. Los estudiantes terminan sus carreras y se quedan sin empleos, mejor aun fueron educados para depender no para autogestionar sus sueños en investigaciones o en empresas de avanzada ¿Por qué no quitarnos las máscaras para dialogar en serio? ¿Por qué no asumir que estamos estancados? ¿Por qué no reconocer que tenemos que re-conocer? Lo excluyente de la disciplinaridad se beneficia de la denotación que le otorga precisión. En ese sentido la ciencia logró trazar su camino inicial con muchos logros. No obstante lo excluyente conlleva a que se pierda la connotación que otorga la globalidad entendida como visión en perspectiva y desde muchos referentes que permiten abordar diferentes niveles de realidad. Lo excluyente por conveniencia hace elipsis de aquello que no le conviene presencializar pero la omisión es un discurso latente y existente desde su aparente ausencia. La abrumadora presencialidad del discurso de la contingencia SER opaca la coexistencia de su complemento NO SER, capaz de copresencialidad. La ambivalencia no surge si se tiene bien clara la noción de que las oposiciones son dialógicas y no dialécticas y de que la estructura no se cosifica sino que en su devenir se torna estructurante. La descentralización de la política y la desconcentración del poder debería paralelamente traducirse en descentralización de los saberes, precisamente para permitirle el re-ligarse asumiendo que la autoorganización conlleva no un futuro predictivo sino imprevisto y posible pero sin desconocerle paradojicamente una prospección. En el caos hay orden y en el orden hay caos dice Briggs en espejo y reflejo y por ello la pedagogía del caos enunciada pro algún miembro de la lista hace algún tiempo es una posibilidad atrayente. Yo imagino su dinámica como la de esas esferas juguetes de espacios dinámicos radiales que se contraen y expanden jugando precisamente entre la vaguedad y la precisión. Decir jugando es invocar el espíritu de la lúdica que nos re-invenciona el asombro. Decir caos y orden es hablar de brumas, de las penumbras de Rembrandt, de la unidad múltiple no sólo en Morin sino en las pinturas de Picasso de la intimidad de los amantes en la caverna de Platón jugando entre apariencias y epistemes sin obnubilarse con el exceso de luz y de sombra sino con el calibrado (teoría Gauge) con esa sutil densitometria entre el círculo de nitidez y disipación. Desde una perspectiva de estructuras estructurantes en las que se aplique la no exclusión se requiere del contrajuego entre topes mínimos y máximos capaces de generar gamas de densidades, de matices, diría un lingüista que jugase a quebrantar las radicales antonimias o las generalizaciones sinonímicas mencionadas por Foucault en las "palabras y las cosas" que han invadido todos los discursos generando todo tipo de ideologías, credos, radicalismos, xenofobias y exclusiones de lo femenino, de lo indígena, de las minorías, del ecosistema humano y natural. La inquisición universitaria, tan real, tan monástica que recuerda al fin y al cabo la proveniencia medieval del alma mater, ha hecho tanto daño con su estructura piramidal, con sus discursos de racionalidad fisurados, con la selección de temáticas de conveniencia que aseguran que todo lo demás no existe o es aburrido. Y ya. Entonces se habla de vaguedad despues de creer que `poniendo un punto final se acaba el discurso del otro porque el que mi EGO doctoral pomposo propone es mejor. Recuerdo a ese maravilloso maestro universitario, Jean Rouch, que viendo a su estudiante azorado ante la defensa de su tesis, se bajo de la tarima y se sentó sobre el tapete a dialogar cosas intrascendentes desencadenando valor y confianza, antes de la ardua labor de la sustentación ante el jurado. Las oposiciones no son para mirarlas con los ojos del mirón tras los binóculos que recuerda a los psiquiatras de antaño ante el diván de su paciente Kafka, sino que son para transformarlas del choque, de la fuerza bruta de las dialécticas y del embate en las texturas tersuras de la complejidad. (tissu (complexus: ce qui est tissé ensemble) dice Morin para referise a un tejido que no se desgarra). En estrcuturas estructurantes matemáticas causa y efecto se nivelan desde su diferencia permitiendo la cohesión entre lo estático y lo dinámico; un filósofo diría entre el ser de Parménides y el devenir de Heráclito; tal cohesión implica la posibilidad de simetría en el movimiento y la oscilación radial entre contracciones y expansiones. Precisamente porque los vectores no son direccionales - es decir excluyentes con la condición mayor que y menor que - sino bidireccionales y con sentido de rotación_traslación hacia un vórtice no cerrado que transforma el concepto de implosión (excluyente de la condición abierto) en fases de contración_expansión. Un libro de recomendación insinuado: La estructura ausente de Umberto Eco. Desearía que compartiésemos la lectura de Arturo Guillaumin de la UNAM, titulada Complejidad, trasdisciplinaridad y redes. Hacia la construcción colectiva de una nueva Universidad. Colaborador: ivandiaz@tutopia.com, Colombia Agosto, 2000 |
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